Hacienda de Cortés -  conocida también como Hacienda de San Antonio Atlacomulco

En el año de 1529 se le concede a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca, así como la posesión de las tierras dentro del propio “marquesado” (el Valle de Oaxaca).

Fue así como el conquistador decide iniciar la siembra de la caña de azúcar en una de las propiedades que poseía, dentro de esta área.

Aquí instaló Cortés el segundo ingenio que se fundó en la Nueva España, el cual llegó a ser, junto con el de Orizaba, el más poderoso del virreinato, en la Hacienda de San Antonio Atlacomulco (Hacienda de Cortés). Fundado en 1542, este ingenio inició el desarrollo en la Nueva España de la industria azucarera, que tanta importancia llegaría a tener para las finanzas de la Corona española.

Los abundantes manantiales de Chapultepec dieron la oportunidad a don Hernando de utilizar esas aguas para sus fines, la siembra de la caña de azúcar. Sin embargo, fue necesario construir el acueducto de aproximadamente 1680 metros desde Chapultepec hasta San Antonio Atlacomulco. Desde sus orígenes la hacienda contaba con sólidas y espaciosas instalaciones y con un gran acueducto, lo que le permitía alcanzar una producción de azúcar cada vez más abundante.

Realizada la siembra de la caña de azúcar en la Hacienda de San Antonio Atlacomulco, era necesario transportarla a lomo de bestias de carga hasta el ingenio de Tlaltenango, donde se realizaba el proceso de fabricación del azúcar.

Al igual que en otras haciendas de la época, en torno de esta se formó una comunidad con características muy diferentes a las de los antiguos pueblos de indios. Como éstos no resistían el duro trabajo que los ingenios requerían, se empezaron a introducir de las Antillas esclavos de procedencia africana, que no tardaron en mezclarse, principalmente con los indígenas, dando origen a una nueva casta en la Nueva España. Se sabe que por esas épocas, Cortés poseía en este ingenio aproximadamente 60 negros, entre hombres y mujeres, además de unos 120 esclavos indios para trabajos menos duros.

Pasado el tiempo, el marquesado es heredado en 1640 por doña Juana de Aragón Pignatelli. Ésta decide en 1642 mudar  la propiedad de Tlaltenango a Atlacomulco.
En fechas posteriores, después de la consumación de nuestra independencia, se hizo cargo de la administración del marquesado don Lucas Alamán.
Fue en esa época en que, a pesar de nunca haberse modernizado, adquirió el título del “más importante ingenio mexicano”.

Despues de la Revolución Mexicana, la propiedad fue repartida entre los ejidos de Jiutepec, Tejalpa. Acapatzingo, Chapultepec, Atlacomulco y la colonia José. G. Parres.
En 1930, después de la revolución, el casco de la hacienda quedó en el mas absoluto abandono.

Entonces, al rematarla, los restos del casco de la hacienda fueron adquiridos por el señor José Villanueva Aguilera, quien posteriormente lo vendió al Lic. Ramón Beteta.
Como parte de la historia del Hotel Hacienda de Cortés, recientemente el actual Hotel tuvo el provilegio de recibir a la última heredera del “Marquesadp del Valle de Oaxaca”, María Gloria Pignatelli Monteleone Cortés, Proncesa de Noia, quien nos deleitó con algunas narraciones de sus vivencias en a hacienda, donde resodoó cuando era una niña de entre los cuatro y los seis años de edad.

Actualmente sus instalaciones han sido acondicionadas como hotel y espacio para todo tipo de eventos.

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